
La debilidad y la enfermedad son sinónimos de derrota absoluta. ¿Quién puede conquistar una batalla con un estado físico deficiente? Si alguna vez has visto películas de guerras, de combates o de conquistadores, hay algo que siempre salta a la vista, y es que cada uno de los personajes de esas películas, poseen cuerpos atléticos, fortaleza física y mental, y podemos ver como entrenan, se ejercitan y constantemente se repiten a si mismos alguna consigna, palabra o frase que los alienta y les enciende la pasión por luchar y conquistar. La pregunta es ¿Qué estamos haciendo nosotros como jóvenes comprometidos en el ejército de Dios, para poder ganar las batallas y conquistar los milagros? Revísate a ti mismo, pregúntate, qué has hecho para alcanzar la meta, cómo entrenas, qué comes, qué escuchas y qué consigna o frase te repites a diario para derribar los muros que detienen tu milagro.
El pueblo de Israel cuando fue encomendado por Dios a conquistar Jericó, no era un pueblo débil, no eran perezosos ante esta orden, tenían sanidad y tenían valor, como quien dice, estaban armados, capacitados. Israel no tomaría Jericó por casualidad, ellos fueron llamados por Dios, estaban entrenados para creer en cosas imposibles. Derribar los muros de Jericó era una batalla que ya estaba ganada, solo porque así lo decía Jehová. Cuantas veces hemos recibido palabra de Dios, de que él nos entregará cosas maravillosas y por nuestras actitudes de duda, pereza, debilidad, cobardía, miedo y enfermedad, abortamos victorias tremendas en Jesús para nuestras vidas y nos quedamos con las manos vacías. La obediencia del pueblo de Israel a Dios, les trajo la gratificación de ver como se desplomaba ante sus ojos el muro de Jericó, si había que dar vueltas como unos tontos, ellos así lo harían. Obedecer a la voz de Dios, es alcanzar el milagro que transformará tu vida. Jóvenes, Jesús nos salvó eternamente, nos ha dado sanidad, fortaleza, firmeza y estabilidad. Ya no vivas por instinto, por corazonadas, busca la voluntad buena, agradable y perfecta, no te muevas por sentimientos, la fe obediente te hará un guerrero capaz de derribar mil muros como los de Jericó y gritar victoria con voz al cielo. Debes morir a la opinión humana, muchos se burlaran de ti cuando estés emprendiendo algo loco de Dios, pero si te detienes al escuchar tales burlas, realmente terminaras burlado. La obediencia a Dios te trae el reconocimiento de todos aquellos que alguna vez se burlaron de ti. Debes tener espíritu, lenguaje y mentalidad diferente, para con todas las circunstancias que se mueven a tu alrededor, con tu silencio puedes matar a más de mil gigantes, más que con tus necedades y quejas.
Dios exige el primer lugar en tu vida. Dios no es consumidor es fructificador, eso quiere decir que te capacitará y nutrirá de todo lo necesario para guerrear y ganar, ya no te quejes mas de tus falencias joven, el problema no es lo que eres hoy, sino lo que dejas de ser y hacer, Dios no te mandó a buscar debilidades, sino a adorarlo y servirle únicamente a él.
Haz lo que Dios te ha mandado hacer, cúmplelo, luego grita, grita fuerte en señal de victoria, adora y alaba a Dios y verás como los muros que detienen el fluir de tus bendiciones se vendrán abajo como papel, no importa cuan duro y alto sea tu muro, confía y obedece a Dios, él te ayudará a derribarlo, para conquistar por la eternidad.
Por: Lic. Reinaldo Navas
Inspirado en la predica del domingo 15 de abril llamada
“Tierra la herencia de un pueblo libre” del Apóstol Raúl Ávila
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