
En CCN juvenil hay muchas parejas jóvenes casadas y hasta con hijos, pero también hay muchos otros que no lo están y aún le está muy lejos el hecho. Hay otro alto porcentaje que está en la etapa de noviazgo, que están ahí apechugaos. Pero hay una realidad clara, que siempre se avecina como tren desbocado a nuestras vidas, la de formar familia. ¿Que aterrador suena eso verdad? Bueno esta aterradora y bendita tarea, es algo que no podemos evadir, porque ¿de dónde venimos todos? De un matrimonio, todo comienza desde el mismo momento en que nuestros padres dijeron ante un ministro de Dios, las típicas palabras: “si, acepto”.
El juego que todos experimentamos alguna vez, fue el de papá y mamá, el de la casita. Siendo niño querías vivir de cerca la emoción y las responsabilidades que implica ser padre, en una salita improvisada con dos sillas viejas de la abuela y un pipote volteado con un mantel cubriéndolo y encima un florero, te desenvolvías y jugabas a ser adulto. Pero lo que hacía más real este juego, era el bebe de plástico que dormía en el cochecito, ése era tu hijo y con él en los brazos, te adelantabas a lo que ahora ya talvez, es tu presente. Antes todo era un juego, ahora si tomas tu vida como tal, seguramente tu familia se vendrá abajo. Muchos de ustedes jóvenes han dicho ante el altar “si acepto” y desde ese momento se comprometieron a darles vida a pequeñas personitas y de esas personitas hablaremos ahora.
No todo es parir al niño y decir: “ya nació ahora esperemos que crezca”. Hay padres que se toman esto de esperar tan literalmente que pareciera que no les importara el crecimiento y la educación del niño, sino hasta que tiene 15 años y el muchacho ya sabe decir groserías. El hecho no llega hasta que das a luz a tu hijo, después que esto sucede es que realmente empieza el verdadero proceso de creación. Un niño se crea y se forja, hablándole. Es importante recalcar lo que fue la creación del mundo. Dios creó los cielos y la tierra (Génesis 1:1) pero el libro de génesis no acaba ahí, no dice Dios creó los cielos y la tierra y se fue a dormir, no, Dios creó, pero luego: “después dijo Dios: produzca la tierra hierba verde, hierba que de semilla, árbol de fruto que de fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así” (Génesis 1:11) Dios tuvo que hablar para poder hacer las cosas que hoy disfrutamos, abrió la boca y pronunció palabras sobre su creación, la formación del mundo vino a través de la palabra emitida por la boca del Padre. Es importante traer a colación la imagen de Dios padre, ese que siempre formó a sus hijos desde el antiguo testamento hasta nuestra actualidad. “Habló Jehová a Moisés diciendo: tu hablaras a los hijos de Israel…” (Génesis 31:12) Este versículo nos deja por sentado que Dios como buen padre le hablaba a su hijo Moisés porque sabía que éste sería el líder de todo el pueblo de Israel. Dios habla a sus hijos y pide que a su vez los hijos impartan, hablen, lo que él ha dicho. Este es el trabajo de formación que tu como padre o madre tienes que ejercer para que tus hijos y discípulos sean la generación de avivamiento y expansión. Para darle vida a tu hijo y tenga un buen desarrollo debes hablarle palabra de vida.
Si le hablas a tus hijos bien (proféticamente, con autoridad y unción) lograrás formar una persona llena de sueños y propósito, que dirá algún día la típica frase “si acepto” como tu algún día la dijiste y él estará comenzando una nueva generación que enaltecerá el nombre de Dios. No veas a tu hijo como el bebe de plástico con el que jugabas, tu hijo tiene alma, corazón y espíritu, si lo quieres ver crecer sano y siendo un triunfador, aliméntalo con palabra, háblale y será grande.
Por: Lic. Reinaldo Navas
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