Cómo desvalorizar todo tu ser, cómo pensar que tu vida nada tiene que hacer, cómo doblegarte ante la mentira de tu supuesta inutilidad. Esto no lo debes ni pensar. Cuando buscas tu valor en ti mismo, en tus triunfos o logros, siempre encontraras imperfecciones, siempre te encontraras con algún trapo sucio que te hará dudar de tu posición como gente de misión y responsable, siempre dudaras que eres una saeta en manos de Dios para triunfar; pero cuando reconoces a Cristo en ti, cuando entiendes el valor que Él tiene en ti y qué significa la cruz para ti, todos tus problemas son resueltos, por que Cristo no es un tercero en tu vida, Él es el protagonista de tu vida, por lo tanto, tu valor no está en ti, tu valor está en Él y si Él es Gloria, tu lo eres también.
Dios asumió el castigo del hombre, Cristo sufrió las consecuencias de tu pecado, la paga del pecado es muerte y al querer pagar nuestros pecados, Cristo tenía que morir; pero la muerte no es la naturaleza del hijo de Dios, Cristo está hecho de gloria y la gloria de Dios no muere. Cristo venía del padre, al padre tenía que regresar en poder y majestad, después de que cumpliera su misión. Cristo vivía el concepto de pueblo y de responsabilidad, Él sabía que era un hombre con misión, que por ser hijo de Dios era una saeta para causar estruendos en lo natural y en lo espiritual, y Cristo, practicaba activamente la responsabilidad, Él sabía responder al llamado, tenía habilidades puestas por Dios y las desarrollaba, era sumiso al poder que se le confirió, era un hombre que tenía que morir para poder darnos nacimiento a todos nosotros y para que pudiéramos ver en Él, todo lo que sería nuestro futuro y sellarnos con sangre y otorgarnos un valor que lleva su nombre. Por esto nuestro valor está en Cristo, allí está nuestro origen, nuestro propósito y nuestra eternidad.
La sangre que derramó Jesús no era por sus pecados, el no pecó, era por los nuestros, allí está el valor. Por eso joven, cuando venga a tu vida un sentimiento de derrota, de baja autoestima, pregúntate: ¿Y qué de la cruz? ¿Qué pasó allí? Y las respuestas te llevaran a encontrar tu esencia e identidad. Y cuando se te revela que por sus llagas has sido liberado y sanado, no puedes desprenderte de su lado, porque fuiste adquirido por su sangre, por esto no puedes ponerle fronteras a Cristo, si no lo dejas entrar a tu vida, tú no cobras valor, si le colocas líneas limítrofes a Él, no serás un joven responsable, estarás negando tu origen y darás paso a la decepción de tu persona, ya que el valor, tú valor, es Él.
Cuando pretendes salirte de Dios entras en tu propia desvalorización, se te quiebra tu mundo interior, tu identidad se desquebraja y te hundes en depresión. Puedo decir con toda confianza qué: la depresión en los jóvenes es a causa que desconocen su valor en Cristo, desconocen la cruz y reniegan de la sangre de Jesús. Y aquí, es cuando se abre el portal de la minusvalía de tu persona, es decir, que no vales nada. Y estando fuera de su cobertura, dejando de morar bajo su sombra, te encuentras con tus falencias y errores, y es cuando dices “no sirvo”. Por esto Cristo no es un accesorio, Cristo es tu vida, tu valor, tu pasaporte a la victoria eterna. Por que sin Cristo eres un incapaz.
Jóvenes, estamos llamados a cumplir una misión y para ello debemos ser responsables y ser responsables es saber responder y tener habilidades para enfrentar el propósito. Cuando ya pasas los dieciocho te encuentras con diferentes propósitos: sacar una carrera, trabajar, casarte, hacer familia y fructificarte en todos los sentidos. La familia es la mayor misión que tenemos, por lo tanto el noviazgo debe verse con mucha responsabilidad y madurez. Tener novia o novio no es para jugar a los besitos y caricias, “empatarte”, como dicen los chamos, es para comprometerte a un nivel de matrimonio y el matrimonio es una voluntad comprometida, es un negocio en donde dos invierten: amor, respeto, pasión y voluntad para levantar un linaje santo, por lo tanto, es indispensable que una vez que hallas entendido que tu valor es Cristo, tienes que unirte a un ser que no sea tu pasatiempo carnal, no, sino que sea tu compromiso responsable al cumplimiento de la misión de Dios. “fructificad y multiplicaos; llenad la tierra y sojuzgadla…” génesis 1:28
Por último, entendamos que los sentimientos son fluctuantes e inconstantes y que no pueden ser el timón de tu vida, ni de la toma de decisiones que enfrentes, ni siquiera el de tu relación matrimonial. Los sentimientos no te garantizaran futuro, ni estabilidad, los sentimientos no pueden medir tu valor, tus capacidades, ni tus habilidades. Los sentimientos están para amar, no para gobernar. Se gobierna con responsabilidad, con voluntad comprometida. Cuando entiendas esto, estarás reinando junto con el que te dio la vida, Cristo.
Valemos tanto. Somos tanto, que Dios nuestro padre, nos compró, no con dólares, ni euros, pagó todo con la sangre de Jesucristo. Valemos demasiado, ni todo el oro se compara con esta verdad. Cuando esto sea carne en tu vida la irresponsabilidad te quedará chiquita, te apretará cual zapato prestado, y tendrás que vestirte con la responsabilidad, que se adapta muy bien a tu espíritu. Cada paso que des en la vida, dalo pensando en qué tu valor, es Cristo.
Por: Lic. Reinaldo Navas. Inspirado en la predica del pastor apostólico Raúl David Ávila, llamada “Jóvenes de expansión, la posesión de un pueblo responsable 2” del día 20/01/07
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